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Babieca

Domingo 7 de septiembre de 2014, por Horacio González

El arte está muerto. El cadáver del Cid cabalga a lomos de Babieca. Un ejército de zombies perpetúa la escena reproduciendo la ilusión de una batalla por venir que ya no es posible. Los árabes se han ido. Un agente del orden con ánimo de mantener el funcionamiento de la maquinaria da instrucciones de montar su cadáver a lomos de un caballo. Su pervivencia como fantasma alimenta en la multitud que lo rodea la ilusión épica de futuras batallas por librar en las que alguna clase de transformación es aún posible. Fascinada, la multitud reproduce una y otra vez la escena de un ritual sin vida en el que deviene zombie. El lugar desde el que hablamos es una batalla perdida en el ámbito del lenguaje, la del saber lo que es hoy el arte. Asumimos que los lenguajes, códigos y modos de hacer en los que nos reconocemos ni forman parte del cuerpo ni pueden transformarlo, sin embargo el cuerpo del arte existe, aunque esa existencia se limite a un constante ejercicio autorreferencial en el que simular sus propias condiciones de posiblidad. Vaciado de potencia existe para existir. Las energías vivas que lo poblaban han iniciado ahora el tránsito y nosotrxs con ellas.